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La lluvia al mojar los ventanales deja pequeñas gotitas que al no poder sostenerse en los ventanales se deslizan por lo vidrios en forma de lágrimas, el viento al recogerlas las lleva a una lluvia incesante que por momentos es estremecida por truenos y rayos imponiéndo cada uno su presencia y entonces en una alocada danza de poderes se adueñan de la ciudad haciéndose presente. Los pájaros silencian sus trinos y presurosos acuden a sus nidos sus retoños necesitan del abrigo de sus plumas. Mirando por el ventanal la calle queda casi desierta y comienza un juego de equilibrio entre paraguas y naturaleza El cielo en su enojo se viste de gris, un pequeño niño coloca un barquito echo de papel que corre alocado por la alcantarilla, llevando a buen puerto los sueños de él. Comienza la calma, el azul de cielo invita a las estrellas volver a salir, la luna se muestra en toda su belleza. La ciudad vuelve a ser como era.
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